JAIME MARTÍN
Parte del centro de Granada vive inmerso en un lavado de cara que se traduce, la mayoría de las veces, en obras a pie de calle que cambian para siempre el aspecto de una calle. La peatonalización de muchas zonas comerciales comienza a ser norma en la ciudad y, sin embargo, la longeva calle Tablas se quedó fuera de esta moda. Lo suyo fue una operación de estética que gustó a pocos de los comerciantes, quienes defienden el antiguo modelo –más amplio para los vehículos– o una conversión total para favorecer al peatón. Antes, una pilona situada al comienzo de la calle y ahora una videocámara convenientemente situada hacen del trafico restringido una extraña solución que por ahora marca la personalidad de una vía con historia.
No hace tanto tiempo que los comercios también se extendían a pie de calle, ofreciendo sus productos directamente al paso del consumidor. Así ocurría en la calle Tablas, que precisamente recibe este nombre por ser los vendedores de carne, quienes tentaban a los bolsillos más pudientes con sugerentes piezas, mostradas en tablas a lo largo de toda la vía. De aquel paisaje de película histórica, en el que las casas señoriales eran lo más común en la zona, quedan pocos edificios, que hoy han sido aprovechados como centros administrativos principalmente.
La conversión. La actual calle Tablas tiene su inicio –en el sentido del tráfico–, en la también antigua Obispo Hurtado. Desde allí sube como una pequeña pendiente hasta desembocar en la Plaza de la Trinidad. Con unas aceras anchas y pensadas para el paseo, la visión de esta calle era muy diferente hace pocos años. Los comerciantes todavía recuerdan los atascos y problemas de circulación en la calle, antes de que esta ampliara sus espacios para peatones. "Antes había más tráfico, pero también más paso de gente", comenta uno de los comerciantes más veteranos, Rafael Guerrero, que volvería con gusto al antiguo aspecto de su calle. "O eso, o que la hagan peatonal", pero no medias tintas, explica. Tras la citada reforma y la puesta en funcionamiento de una pilona –que ahora ya ha desaparecido, a favor de una cámara de vigilancia–, el paso de posibles clientes se redujo considerablemente.
Con las ayudas estatales a los Ayuntamientos, las obras en las ciudades españolas se han multiplicado y Granada no es una excepción. Peatonalizar las calles más comerciales de la ciudad se ha convertido en algo habitual. Mesones y Puentezuelas son dos ejemplos de esta tendencia que por ahora ha dejado fuera a la calle Tablas y que "puede afectar algo a la ventas", según dice otro tendero del barrio, al preferir el público pasear por una calle totalmente peatonalizada. Sin embargo esta idea no preocupa demasiado, ya que "la calle es una zona de paso", comenta Araceli Burgos. Edificios clave como un colegio, la Facultad de Traducción –que se encuentra justo al final de la calle, en su encrucijada con Puentezuelas–, o la Plaza de la Trinidad, aseguran un ambiente que tiene a los jóvenes como protagonistas, que se dan cita con los vecinos más mayores. Así la variedad de comercios está asegurada.
Las tiendas de ropa son mayoría y las hay para todos los gustos. De señora, con ofertas más clásicas, para los jóvenes, con tendencias más modernas… La oferta es variada y poco tiene que envidiar a otras calles. Cafeterías y hoteles, tiendas de belleza y de decoración completan un elenco que forma parte del conocido Centro Comercial Abierto.
La historia de la calle Tablas todavía está por escribirse, pero la fidelidad de sus comerciantes y su afortunado emplazamiento auguran tiempos mejores para toda la zona.