PILAR ARJONA
Pepa y Manuela se enzarzan en una riña delante de un grupo de personas. Llegan a las manos y tienen que separarlas. "¡Falta ironía!", grita el director. En ese momento, el piano que acompaña la acción deja de sonar. Es cuando la protagonista pregunta en qué ha fallado. "Eso yo no lo sabía", se justifica ella en tono de broma. La escena se repite de nuevo con la pelea entre Pepa y Manuela y con dos hombres intentando hacer de mediadores en este asunto. Uno de ellos, con un mantón de manila rojo en sus manos, comienza a cantar su frase. "¡Entras tarde! ¡No puede ser, siete años haciendo esto!", exagera el director en una nueva interrupción. Son las últimas instrucciones en los ensayos de la obra ´Agua, azucarillos y aguardiente´, que el próximo 30 de septiembre estrenarán en el teatro Isabel la Católica los miembros de la compañía de mayores que están participando en el proyecto ´Operación Zarzuela´, puesto en marcha por la concejalía de Familia y Bienestar Social.
Se nota que faltan sólo unos días para que ese escenario simulado en una nave de la sede del Instituto Municipal de Formación y Empleo (IMFE) de la zona Norte se les quede pequeño a este grupo de actores que superan los sesenta años. Aunque no por eso han menguado sus ganas de entretenerse. Ponen todo su empeño, su constancia y su trabajo en esta obra y demuestran con creces sus dotes y aptitudes artísticas. Se niegan a quedarse en casa o a ver pasar el tiempo, quieren tener "un envejecimiento activo".
Sobre las tablas, un grupo numeroso de actores y actrices cantan y bailan al ritmo de un piano. Acompasados, los taconeos de dos mujeres centran la atención de la escena, en la que ambas discuten apasionadas, hasta el punto de remangarse las enaguas. Son "más de doce horas diarias" dedicadas a la puesta en marcha de esta zarzuela de Federico Chueca. En marzo, pasaron un casting entre 400 aspirantes y desde entonces preparan lo que dentro de unos días será todo un acontecimiento cultural.
Tras el escenario. "¡Atento todo el mundo!", grita de nuevo el director en medio de un clima de nervios y, al mismo tiempo, de impaciencia por el estreno. En el ambiente, un fuerte olor acrílico. Y es que no sólo quienes representan una obra son los que trabajan en ella. Detrás del escenario se ha instalado la carpintería. Allí recrean con madera un conjunto de barriles de leche. Son parte del atrezzo, y están listos para que, una vez seque el pegamento, darles una buena mano de pintura. Mientras unos se dedican a la marquetería, otros emplean las lijas y, los demás, hacen uso de la brocha. Entre todos han montado un escenario que representa al del teatro Isabel la Católica, con un trabajo que llevan coordinando desde el pasado mes de abril.
No pasa desapercibida la ilusión con que están realizando su labor y el estrés que supone el tener que dar "los últimos retoques" a todos los elementos que formarán parte del decorado. Y no están solos, pues igual de importante es la tarea de las catorce costureras. Ellas lo hacen "todo desde el principio" y ya han diseñado y confeccionado el vestuario que los actores llevarán sobre el escenario. En total, "noventa trajes" con todos los detalles. "Éste es el patrón de un gorro", explican.
Son muchas horas sentadas tras la máquina de coser, pero lo hacen "con alegría". "Cuando nos visitan, nos preguntan por qué no nos ponemos la radio. Y les decimos que, con los ensayos de la zarzuela y el ruido de las máquinas de los carpinteros y las nuestras, ya tenemos suficiente música", bromean. Aún les quedan las pruebas definitivas y los pequeños retoques antes del gran día. El grupo lo conforman en total 97 personas mayores, a las que acompañarán en la obra seis niños y la Banda Municipal de Música de Granada. Ya no hay que esperar mucho más para ver el fruto de cinco meses de intenso trabajo, encima y detrás del escenario.