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JAIME MARTÍN Ahora está tranquila, como un patio de colegio que espera la llegada del nuevo curso. Sólo que no son pequeños de primaria lo que recibirá en ingentes cantidades la calle Melchor Almagro, sino jóvenes estudiantes universitarios que durante los meses de octubre a junio –los menos afortunados julio–, se pasearán buscando un libro por cualquiera de las numerosas librerías de la zona. O estudiando en la Biblioteca de Andalucía. O matando el tiempo antes de entrar a las diferentes facultades del Campus de Fuentenueva.
Ellos, los universitarios, son la principal corriente de vitalidad que caracteriza al barrio de Centro-Sagrario, que encuentra en los más mayores el equilibrio entre juventud y experiencia y hace de la calle Melchor Almagro un interesante contraste de modos de vida. El granadino Don Melchor Almagro Sanmartín (1882-1947) comenzó su andadura profesional por la rama del Derecho, siendo licenciado en las Universidades de Granada, Madrid y Heidelberg, para después llegar a ejercer de diplomático.
Pero Almagro se ganaría el derecho a tener su calle gracias a sus dotes como escritor, que aprovechó para colaborar en títulos como ‘La esfera’ o ‘Blanco y Negro’, además de desarrollar sus propias obras literarias entre las que destacan ‘Escenas berlinesas’ y ‘Primavera en la Nieve’. Parecía obligado entonces cederle al buen granadino una calle que hiciera honor a la palabra escrita. Y eso es precisamente lo que ocurre en una vía que destaca por tener cuatro librerías y estar a un paso de la Biblioteca de Andalucía, todo ello pensado para la comunidad de estudiantes que durante el curso pulula de arriba para abajo.
Invernación estival. Melchor Almagro surge de la Plaza de Gran Capitán y desciende en pequeña pendiente hasta la Avenida de Fuente Nueva, donde se encuentra con la Facultad de Ciencias de la UGR y, un poco más abajo, con Plaza Einstein y Pedro Antonio de Alarcón, calle que los estudiantes conocen bien. Durante el verano, la zona se queda realmente desangelada, con los jóvenes en sus casas o de vacaciones y los vecinos huyendo del calor y, en este caso, de las obras de canalización eléctrica que se extenderán durante un mes.
Pero ello no le quita todo el encanto a una calle que todavía cuenta con frondosos árboles que protegen un tanto de los rayos del sol y hacen las veces de calendario para el más despistado. El Greco, Goya y Murillo son pequeñas calles que flanquean a la del distinguido diplomático y escritor hasta que ésta se confunde con el Carril del Picón, una vía casi gemela que complementa el eje universitario con la Facultad de Traducción justo a su final, en el inicio de la calle Puentezuelas.
Al margen de las librerías, Melchor Almagro también dispone de varias tiendas de informática –también destinadas al público juvenil–, así como establecimientos de moda, supermercados, ópticas y tiendas de todo a cien que llaman la atención de un público más general. En agosto no es extraño encontrar buena parte de estos negocios cerrados por vacaciones, pero lo preocupante es que la otra parte de esos comercios que tienen su persiana bajada no volverán en septiembre. Son tiempos complicados para los emprendedores que intentan ganarse la vida en una zona que por público y situación debería de contar con buenas bazas para desarrollar un tejido comercial fuerte.
Sin embargo los carteles de “se vende” o “se alquila” no afectan a los pubs del barrio –en la calle Melchor Almagro tan sólo hay uno. Como mucho, de cuando en cuando el local se ve obligado a cambiar de nombre y a darle una capa de pintura a las paredes, para seguir sirviendo ‘shots’ al público Erasmus y chupitos al resto de los estudiantes nacionales. Entre los lados menos amables de la calle se encuentra su conocida habilidad para desesperar a los conductores.
La zona azul y un reducido espacio para encontrar aparcamiento actúan de repelente para los visitantes menos pacientes. Durante el presente mes, con las obras de acondicionamiento, lo de encontrar un lugar para dejar el vehículo se habría vuelto una tarea utópica de no ser por la desbandada general de vecinos y estudiantes, que en las noches de fin de semana dejan amablemente un hueco para los conductores de otros barrios granadinos. Por ahora el escritor y sus vecinos están de vacaciones –los que se lo pueden permitir–, a la espera de un nuevo curso que revitalice de nuevo la zona y devuelva al ambiente del barrio su habitual aspecto.
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