PILAR ARJONA
No se hizo cooperante porque le gustara hacer turismo. "A mí no me gusta viajar", cuenta. Pero su afición por "conocer nuevas realidades, gente diferente, nuevas culturas y nuevas visiones de hacer las cosas" le llevó en abril de 2008 a distintos puntos de África en los que la prioridad es la sanidad materno-infantil. Juan Ignacio Gallardo es un joven cooperante granadino de Medicus Mundi que trabaja en varios proyectos en Mauritania y Burkina Faso.
Su labor es supervisar que todo lo dispuesto en el programa se lleve a cabo y establecer una relación y un contacto con la administración. "El papel del cooperante es, principalmente, de gestión de proyectos", explica. Su deber es velar por que las actividades programadas dentro de un presupuesto se vayan cumpliendo. En un primer momento, se ponen en contacto con el Ministerio y deciden cuáles son las carencias en la zona para desarrollar ideas. Tras esto, desempeñan tareas de contabilidad, negocian ofertas de obras públicas e intentan que todo este proceso sea "lo más transparente posible".
A sus 32 años, este licenciado en Ciencias Políticas no es novato en este tipo de actividades. Antes de ser cooperante para Medicus Mundi estuvo como voluntario en India con algunas ONG locales, y también hizo unas prácticas con Naciones Unidas en Bangladesh. Esta experiencia es para él "muy interesante". "Es muy gratificante pero, a la vez, la vida del cooperante es muy dura porque estás mucho tiempo solo. Al llegar a un país no conoces a nadie y, aún conociendo el idioma de los colonos, no siempre puedes comunicarte con la gente de allí", se lamenta. Eso sí, "te llena un montón". Además, explica Juan Ignacio, "se trabaja mucho, sobre todo por el sentido de la responsabilidad. Si estás allí es por algo, para que se hagan cosas. También eres joven y llegas con entusiasmo y la gente mayor te dice ´tranquilo, hay cosas que se pueden llevar a cabo y cosas que no´. Pero lo que no puedes hacer es dejarte arrastrar por la pasividad. Otro aspecto complicado es el de la familia, mantener una pareja, etc.", manifiesta.
Ahora trabaja en la sanidad materno-infantil, que es uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). "La salud del niño de cero a cinco años y de las mujeres que están en edad fecunda es una prioridad", comenta Juan Ignacio. "Nos hemos propuesto reducir la mortalidad infantil y maternal". Es un objetivo destacado, pero no el único, pues los resultados de su trabajo se observan cada día. La respuesta de la población autóctona es tan positiva que en el distrito sanitario de Seguenegá (Burkina Faso), donde la organización está desarrollando su labor desde hace dos años, les han otorgado un premio desde el Ministerio por lograr un mayor incremento en la afluencia de pacientes a los centros de salud y una reducción de indicadores como la mortalidad infantil, y se ha valorado al personal sanitario como el mejor del país. Todo un éxito para tratarse de la zona más pobre de Burkina Faso.
Responsabilidades. Allí, el cooperante granadino participa en proyectos de lucha contra la mortalidad materno-infantil con la formación de personal sanitario y la construcción o rehabilitación de centros de salud para maternidad. Además, forma parte de otro programa en Mauritania, donde durante siete meses se implicó en la formación de médicos mauritanos a través de un master de salud pública, y también ha formado parte de la fase de identificación de nuevos proyectos en otros países como Senegal, Níger y Mali: "Vemos qué se está haciendo en cada país, qué tenemos nosotros y en qué podemos ayudar". Aconsejan qué es lo que más les interesa y en qué zona, pues "comprar grandes tecnologías no sirve, porque una avería supone meses de espera de reparación", por ejemplo.
Juan Ignacio pasa ahora un tiempo en Granada, ayudando en proyectos de sensibilización y en la organización de un curso de verano en la Universidad Internacional de Andalucía de Baeza sobre cooperación y salud. Con motivo del Día Internacional del Cooperante, que se celebra el próximo martes 8 de septiembre, abordarán con expertos los desafíos que tienen por delante para conocer y compartir qué más se puede hacer en cooperación sanitaria. Este encuentro tendrá lugar entre el 7 y el 11 de septiembre en la localidad jienense.
Esta conmemoración coincide con el aniversario de la firma de la Declaración del Milenio de Naciones Unidas y trata de reconocer la labor humanitaria y la lucha contra la pobreza y el hambre que padecen amplios sectores de la humanidad y que llevan a cabo tanto el colectivo de cooperantes expatriados como el de cooperantes autóctonos, que realizan también labores de asistencia y desarrollo en muchos lugares del mundo.
Una de las mayores causas de mortalidad en estas zonas es, como cuenta Juan Ignacio, la malaria. Por eso, realizan campañas de lucha contra esta enfermedad. "Repartimos mosquiteras en los pueblos", pero luego deben "explicarles para qué sirven y por qué deben usarlo. Puede que, si no se lo explicas, lo utilicen para pescar, ya que ellos le dan un sentido más práctico a las cosas".
El inconveniente, admite el cooperante, "es reforzar esa respuesta de la población" ante la formación sanitaria que les ofrecen. "Hay que procurar la sostenibilidad de los proyectos una vez dejamos la zona". Para eso, intentan responsabilizar al Ministerio de las necesidades satisfechas y las buenas prácticas sanitarias que se adquieren para que continúen con ellas.
Crisis. Pero en crisis es todo más complicado. "Si baja el PIB, el 0,7% también baja, por tanto, lo que se destina a cooperación es menor", argumenta Juan Ignacio. "Ya nos han llamado socios que han tenido que dejar de colaborar con nosotros. Esto hace que tengamos que reducir la formación, que se hagan menos cosas que hasta ahora… Y eso hay que explicárselo a ellos, porque no entienden de crisis. Allí llevan en crisis un siglo".
Además, "la sanidad no es gratuita e intentamos que los gobiernos reduzcan las tarifas a la gente más pobre, apoyamos al sector sanitario porque no hay seguridad social que les respalde, etc.", todo eso también forma parte de la labor humanitaria del cooperante.
Juan Ignacio vuelve a Mauritania el día 20 de septiembre por un período de un mes. Allí tiene que acabar el master de Salud Pública, con dos profesores que van a finalizar el módulo que falta.
Hace dos años que se creó la facultad de Medicina y ahora están homogeneizando los conocimientos de los médicos mauritanos que han estudiado en diversos lugares del mundo y, sobre todo, "incidiendo en el tema de la prevención, porque allí se centran en la curación y desconocen la necesidad de prevenir enfermedades".
En noviembre regresará a Burkina Faso para quedarse dos años en un proyecto de salud materno-infantil (formación de personal sanitario y construcción, reconstrucción y rehabilitación de maternidades) y otro de sensibilización, "porque una cosa es tener los centros sanitarios de maternidad y otra que ellos sepan que hay que utilizarlos y por qué es bueno que lo hagan".