LA OPINIÓN
Aunque nacida en Orbaiceta (1897), un pequeño y encantador pueblo de Navarra, Joaquina Eguaras se consideró granadina de adopción ya que con tan sólo dos años, su familia se trasladó al histórico Realejo para comenzar una nueva vida. La joven Joaquina siempre tuvo inquietud hacía el mundo de las letras, y parecía claro que su futuro pasaba por estudiar en la Universidad. Sin embargo las costumbres de la época tenían reservadas a las mujeres otros papeles menos relevantes en la sociedad, con los que Joaquina Eguaras no estaba de acuerdo y con los que rompió, al ser una de las primeras mujeres universitarias. Unas calificaciones excelentes y una entrega total al mundo académico le propiciaron a la ferviente estudiosa cargos tan importantes como el de profesora en la Facultad de Letras –otra barrera que rompió–, o directora del Museo Arqueológico de Granada.