PILAR ARJONA
"Me gusta venir porque me lo paso bien y algunos días voy a la playa". Así se expresaba, en un perfecto castellano, una de las niñas mayores procedentes de los campamentos de refugiados de Tindouf, ayer a su llegada a Granada. A la pregunta de qué es lo que más le gusta comer aquí, no lo duda un momento: "los macarrones". Aunque algunas monitoras reconocen que, mientras se les respeten sus creencias y no se les dé carne de cerdo, no suelen poner muchos inconvenientes a la hora de llevarse el tenedor o la cuchara a la boca. Aparte de las diferencias en posibilidades gastronómicas entre su lugar de origen y España, les debe gustar la gastronomía granadina, pues suelen engordar entre cinco y seis kilos en el tiempo que pasan con las familias de acogida.
A ellos les basta un poco de cariño, comida, ropa y asistencia sanitaria para sentirse bien, para alejarse mentalmente de su rutina diaria en medio de la miseria del desierto del Sáhara y para acostumbrarse cada año a dejar por unos meses a sus familias para recibir la solidaridad de los granadinos. La mayoría de los 210 menores saharauis que ayer llegaron al recinto de la Feria de Muestras de Armilla (Fermasa) –más de un centenar del total– repiten ´aventura´.
Cada uno de ellos pasará hasta el veinte de agosto con una familia de la provincia y ayer aprovecharon para conocerse o, en algunos casos, para reencontrarse.
Los ´novatos´ miraban a su alrededor entre nerviosos y expectantes. En muchos casos, las lágrimas no pudieron reprimirse por el miedo a lo desconocido y la nostalgia del hogar. Algo comprensible, pues se trata de niños y niñas de entre 8 y 12 años que se alejan por primera vez de sus familias. El obstáculo del idioma también fue un choque para ellos que, no obstante, subsanaron en lo posible con la ayuda de algunas compatriotas que residen en Granada y no dudaron en acudir a darles la bienvenida.
Revisión médica. Así comenzó ayer un nuevo verano del programa ´Vacaciones en paz´, organizado por la Asociación Amigos del Sáhara. En Fermasa, los voluntarios organizaron a los menores por zonas geográficas y les dieron las primeras atenciones sanitarias. Revisaron su vista, les midieron, les auscultaron, observaron su columna vertebral... Todo ello, para después asignarles su correspondiente ficha médica, aquélla que llevarán consigo hasta el lugar donde pasarán este verano, para que sus familias de acogida puedan controlar su salud.
Para hacer más llevadera la espera, los pequeños corrían de un lado a otro del pabellón, se acercaban con curiosidad a las cámaras, grabadoras y micrófonos de los periodistas y jugaban al fútbol con botellas de agua. Otros descansaban tirados en el suelo. Todos aguardando a las familias que les van a facilitar unas vacaciones ´en paz´.
Desde allí partieron hasta las que se serán por una temporada sus nuevas casas, repartidas por toda la provincia. Algunas familias iban llegando para recogerles, unos para reencontrarse con caras conocidas y otros para descubrir a quién van a acoger este año. "La niña que tuvimos en casa el año pasado ya no puede venir por la edad", comentó una joven pareja, por eso, este verano tendrán consigo a una nueva pequeña "que se quedará con nosotros otros cinco veranos más, pues pensamos seguir colaborando", dijo.
Y es que todo es poco para unos niños que, como apuntó la presidenta de Amigos del Sáhara, Gracia Fernández, que también acoge a una niña desde hace varios años, "se trata de pequeños dinámicos, abiertos e inteligentes", con mucho cariño que recibir y muchas sonrisas que ofrecer.