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HEMEROTECA » |
JAIME MARTÍN En los breves ochenta metros de longitud que ofrece, la calle Salamanca aglutina una pequeña síntesis de lo que el barrio conocido como Centro-Sagrario alberga. Establecimientos de todo tipo con especial predilección hacía la hostelería, joyería, complementos y, sobre todo, dedicados al vestido, se abren camino en los bajos de unos edificios con sabor a historia que cada día ven pasar a miles de granadinos y a otros tantos turistas, que buscan mapa en mano, la Plaza del Carmen. Es una zona concurrida pero de paso.
Los escaparates y sus comerciantes se afanan por atraer la atención de posibles compradores y aunque los tiempos que corren no son los más adecuados para abrir el monedero sin ton ni son, el centro de la ciudad, con sus baluartes comerciales reflejados en la calle Mesones, no tira la toalla y mantiene como puede las ventas. Movimiento, turistas y ajetreados granadinos conforman el marco habitual de la calle Salamanca.
Peatonal y saneada, estrecha y breve, la vía que recibe el nombre de la urbe castellana se sitúa en uno de los centros neurálgicos de Granada. En su inicio, la calle parte de la Plaza Bib-Rambla, todo un símbolo de la ciudad y manantial inagotable de visitantes que luego se distribuirán por ese pequeño laberinto que es la zona centro. A mitad de recorrido, la calle San Sebastián sale al paso y es finalmente en Reyes Católicos donde finaliza el corto trayecto. Justo enfrente queda Plaza del Carmen, con el Ayuntamiento y las perennes visitas turísticas que también forman parte de la clientela que da vida a la calle Salamanca.
Un lugar de paso. En tan breve travesía, son muchos los comercios que compiten entre sí por captar la atención del público, aunque los que se llevan la palma son los destinados a vestir a la familia. También hay joyerías que, al abrigo de la multitud y siempre con rigurosas medidas de seguridad, han conseguido sortear con más o menos fortuna los atracos que este tipo de establecimientos suelen sufrir como una dolencia crónica. Complementos, juguetes, y hostelería completan una oferta que intenta complementarse con la vecina calle Mesones.
Como explican los propios comerciantes, hay que atraer al cliente con buenas ofertas y, a poder ser, con un escaparate que ralentice la marcha de los apresurados granadinos. Los vecinos son compradores habituales, fieles a sus comercios de toda la vida -los hay que llevan casi cuatro décadas en el mismo lugar-, pero el grueso de las visitas de los habitantes de otros barrios de la ciudad se lo llevan calles próximas como Zacatín o la propia Reyes Católicos.
El grueso de la actividad en la calle Salamanca se concentra durante el día, ya que por la noche la ausencia de pubs cercanos merma el paso de gente y lo más frecuente, ya a altas horas, es ver grupos de juerguistas esgrimiendo cánticos regionales o buscando un poco de oscuridad para atender la llamada de la naturaleza.
Es uno de los problemas, el ruido tanto de día como de noche, el que más afecta a los vecinos, que también tienen que convivir con las obras de restauración de edificios como el que hace esquina en la propia calle. Y luego queda el tráfico en la siempre complicada Reyes Católicos, que tampoco ofrece un respiro hasta que los autobuses urbanos terminan su jornada y se aligera la circulación. Los comerciantes y quienes viven en el barrio ya están acostumbrados, es la contraprestación a pagar por situarse en una de las calles más frecuentadas de Granada.
No es una zona tranquila, pero el paso de turistas y ciudadanos que van al trabajo o de compras, unido a las ocasionales fiestas que suelen tener su expresión en la Plaza del Carmen, hacen de la calle Salamanca un lugar ideal para palpar el pulso a la ciudad.
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