JAIME MARTÍN
No hace demasiado tiempo que toda la extensión de tierra más allá del río Genil era lugar de cultivo, zona agreste aledaña a la civilizada Granada. Pero por fin se dio el salto y comenzaron a surgir los barrios periféricos más allá del principal afluente del Guadalquivir. El Zaidín es su máximo exponente, pero aunque en ocasiones se confunde, no todo lo que queda al sur de la ciudad tiene que ver con este populoso barrio. Ejemplo de ello es el poco conocido barrio del Castaño-Mirasierra, formado por todavía jóvenes urbanizaciones que en su día y antes del sarpullido del ladrillo, podían presumir de tener una de las mejores vistas de Sierra Nevada. Es en una de las entradas a ese barrio donde se sitúa el Camino de Abencerrajes, una calle con multitud de comercios que todavía disfruta de un reducido tráfico y una agradable sombra de árboles en su parte central.
Los Abencerrajes, tal y como cuenta la historia, fueron una noble familia granadina partidaria del rey Boabdil durante la guerra de éste con su tío Zagal. La desgracia se cebó con la orgullosa familia y es de creencia popular que, en la hermosa estancia que hay junto al Patio de los Leones de la Alhambra, los Abencerrajes fueron asesinados. Todavía hoy pervive la leyenda que asegura que las manchas de óxido de la fuente central no son sino la sangre vertida por los nobles ejecutados. Siglos después la familia recibió un homenaje al ser nombrada una calle con su apellido, una vía que precisamente se deleita con la tranquilidad del día a día y apenas recuerda ya a quién le debe el título.
El Camino de los Abencerrajes tiene su comienzo en la calle Garzón Pareja, que bordea un recién construido parking sobre el que se alza un parque –que ya ha comenzado a hundirse por ciertos sectores–. Desde ahí avanza recto hasta encontrarse con la calle Torre Pedro de Morales, conocido lugar de tapeo. Las apariencias engañan y da la impresión de que la vía termina ahí, justo en una pequeña plaza que recientemente ha incorporado un parque infantil. Sin embargo, el Camino de Abencerrajes pega un estirón más, pasando al lado del colegio Alcazaba, hasta morir en la calle Torre de los Picos, en pleno corazón del barrio.
Modernidad. Hace unas décadas, la zona era dominio de olivos, de los que hasta hace poco quedaba todavía alguno en una pequeña plaza. La tranquilidad y el atractivo del joven barrio se aliaron para que calles como el Camino de Abencerrajes comenzaran a prosperar y a surtir de tiendas a los nuevos residentes. Durante la corta vida de la calle, y del barrio en sí, ha tenido lugar una visible evolución que los propios vecinos agradecen sobremanera. Un polideportivo, la creación de calles peatonales con parque incluido, la amplia Avenida de Carlos V con su ahora desfigurado parque central y, en los últimos años, la construcción del Paseo de Europa y de un parking que ha revitalizado la circulación.
Pero las constantes obras en los alrededores de la calle han hecho que el asfaltado de la vía se haya convertido en rutina casi anual, como explica una de las comerciantes, que apenas lleva un par de años trabajando en Camino de Abencerrajes y ya ha visto dos o tres de estas actividades de mantenimiento. A ello hay que sumarle la queja pública por el servicio de transporte urbano, que depende del número siete, y que en palabras de los vecinos, deja mucho que desear por su frecuencia y por el mal estado de algunos de los autobuses.
Pese a todo, el Camino de Abencerrajes sigue siendo una zona altamente valorada por sus vecinos y comerciantes, que esperan poder sobrevivir a la mala racha económica gracias a la fidelidad de sus clientes y a las nuevas familias que de cuando en cuando llegan al barrio.