JAIME MARTÍN
Es una de las calles más conocidas de Granada, ya que por ella han paseado decenas de generaciones de granadinos. Los primeros fueron los árabes, que la bautizaron con el nombre de Axibin y la utilizaron como una importante calle comercial. Tras la reconquista, la vía no dejó de crecer y se convirtió en un fuerte foco económico al contar entre sus edificios con la Casa del Arte de la Seda o el convento de San Francisco, que terminaría siendo la conocida Capitanía General que aún hoy perdura. También hubo lugar para el rito católico gracias a la Iglesia de San Matías, nombrada Imperial por haber sido fundada por Carlos V en el siglo XVI. En épocas más recientes la calle albergó la sede de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Granada, que se ubicó en un edificio del siglo XVII.
Hoy San Matías huele a historia y, aunque todavía es hogar de algunas importantes organizaciones como Cruz Roja –que permanece temporalmente allí–, la calle no pasa por uno de sus mejores momentos debido al declive de los comercios que le dan vida. La vieja vía nace en la plaza Mariana Pineda para ascender vagamente hasta la plaza de San Juan de la Cruz. A pesar de ser llamativamente estrecha, la calle alberga una vida vecinal que da movimiento a las antiguas casas típicas de la zona, aunque árboles y bancos parecen estar castigados a convivir en los extremos de la calle, en las plazas ya mencionadas.
En el transcurso de los escasos trescientos metros que la conforman, San Matías es hogar de numerosos comercios que van desde bares y tascas de vinos hasta locales ya en extinción como cesterías que se dedican a cultivar la delicada artesanía a base de mimbre.
Poco a poco, las tiendecitas de toda la vida van cediendo espacio a los cada vez más solicitados bares de tapas que le están dando una segunda oportunidad a la zona. Más allá del comercio tradicional se impone otra forma de captar la atención de extranjeros y foráneos y, por eso, los locales de tapas exquisitas, de vinos selectos y de temática atrevida han comenzado a aflorar por todo el barrio. Un curioso caso es el del bar Manila, el único local de Granada que tiene emisión cero, o lo que es lo mismo, que se preocupa por el medio ambiente y todo el coste ecológico que genera lo reinvierte en la naturaleza a través de diversas actividades de recuperación forestal.
Pero la aparente bonanza de los bares es la excepción que confirma la norma, ya que desde que San Matías se remodeló parcialmente y se instalaron cámaras de seguridad para que sólo circulen por ella los vehículos de residentes, el comercio tradicional ha caído en picado. Así lo atestiguan todos los tenderos del barrio, que se quejan de la nula accesibilidad en coche. A este problema se le une otro de los inconvenientes que denuncian desde la panadera de la calle hasta el librero: la velocidad a la que suben los coches por la calle. "Los conductores llegan estresados de circular por el centro. Cuando cogen la recta de San Matías se embalan", asegura John Chidley, dueño de Carmen Books. Para comprobarlo tan sólo es necesario asomarse a la calle y ver a los peatones pegados a las paredes de los edificios, ya que en ciertos tramos de la travesía la acera llega incluso a desaparecer. Y no es un tema sólo de los viandantes, porque los comercios que necesitan de provisión diaria para garantizar su funcionamiento también lo pasan mal. "La furgoneta que nos trae el pan siempre tiene problemas, porque para un segundo pero enseguida empiezan a pitar los coches", explica la panadera Magdalena Labrat. "A mí ni siquiera me dejan traer el vehículo para transportar los marcos de mi tienda", añade Manuel Peña, que lleva toda la vida vendiendo cuadros en Granada.
Cada vez son más los carteles de ´se vende´ que pueblan la calle, pero con todo, los vecinos y tenderos de siempre no se resignan. Saben de la larga historia que atesora San Matías y están dispuestos a salir adelante una vez más. ?