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HEMEROTECA » |
JAIME MARTÍN Pasear por el extremo sur del barrio de La Chana es como hacer un pequeño recorrido por el santoral que las abuelas guardan en casa, siempre atentas a felicitar el día a un familiar o amigo. Calles de vírgenes, santos, arzobispos… toda una clase de catequesis que se puede dar al sol mientras que se charla con los vecinos. La calle Virgen de la Consolación puede actuar como epicentro sobre el que rotan toda una suerte de vías de carácter religioso. Y así como si fuera Semana Santa, los vecinos de la zona se animan cada mañana a acometer su procesión diaria; unos ´currando´, otros haciendo la compra del día, y los que menos y con más suerte, disfrutando de un ratito al sol en la conocida como ´Plaza de la petanca´.
Virgen de la Consolación es una calle con dos estilos. En su parte más elevada, la que desemboca en la Avenida de Andalucía, la vía se muestra delgada, con un tráfico un poco difícil y un aspecto más bien abandonado. Los vecinos se quejan de que el doble sentido y la impunidad de los coches aparcados en doble fila o encima de las aceras, hacen de esta parte de la calle un pequeño quebradero de cabeza. Conforme discurre hacía la Carretera de Málaga, la mística calle va cambiando de aspecto.
Una carretera mucho más ancha, con aceras acordes y salpicadas de árboles acotan parques, colegios y un polideportivo que exhibe todo un señor campo de fútbol. Resulta la mitad sur de la calle una visión más agradable, no sólo por estar flanqueada de pisos e instalaciones más nuevas, sino por presentar una luminosidad mucho mayor. Varias cafeterías, comercios de los de siempre y algunos un tanto más nuevos, como el de informática, pintan el cuadro comercial de la calle.
Los miércoles, los vecinos pueden ir a la caza de la ganga, ya que en Virgen de la Consolación se monta el tradicional mercadillo. Para unos, esta feria ambulante de la oferta y lo barato es un problema a soportar cada semana –sobre todo por el ruido y porque complica el acceso a ciertas parte del barrio–, para otros es la oportunidad de comprar de manera distendida, a buen precio y al aire libre.
Difícil, desde luego, pasar de lado de ese enorme y casi improvisado centro comercial en el que las arengas con la oferta del día animan a los compradores más remolones. El mercadillo de La Chana, al igual que sus gemelos del barrio del Zaidín y la conocida como ´marcha verde´ del Almanjáyar, es un acontecimiento veterano que congrega a centenares de vecinos que buscan, principalmente, productos relacionados con el vestir. Es un pequeño paréntesis en la habitual calma con la que transcurre la vida en el barrio.
Por otro lado, la zona de bares y terrazas que han hecho famoso al barrio de La Chana se sitúa lo suficientemente lejos como para que tras un duro día de trabajo, los residentes de Virgen de la Consolación y aledaños se puedan dar un homenaje a base de cerveza y tapa, sin que esto les obligue a coger el coche y, lo más importante, sin tener que soportar el ruido que genera las terrazas, sobre todo en las noches de verano que parecen querer adelantarse.
La seguridad de la zona es tal vez uno de los temas recurrentes que más sacan a la luz los comerciantes. "Ya hemos tenido varios alunizajes", comenta una de las veteranas tenderas de la calle, con un deje de tristeza de quien ve su barrio de toda la vida asaltado de cuando en cuando por delincuentes. Los vecinos demandan más vigilancia policial y, aunque reconocen que los problemas de este tipo son excepciones, no dejan de ser un asunto serio.
¿La crisis? En "un barrio obrero", como declaran orgullosos su vecinos, la actual situación económica se deja notar, pero eso no impide que día tras día se sucedan las charlas y las risas entre residentes, entre amigos. Aunque sea con menor frecuencia que antes, los vecinos se seguirán dando cita en sus comercios habituales, aunque sólo sea para saludar a su tendero de toda la vida.
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