M.J.SEGURA
Antes de acostarse toma unas cuatro pastillas. Unos medicamentos que no le facilitan un descanso completo. Muy al contrario asegura ver amanecer con la sensación de que "le han pegado una paliza". Así transcurre la jornada para un hombre, José Manuel Roldán, que trabaja en Aena desde hace cerca de cuarenta años, la mayoría de ellos, ha ejercido como bombero. Desde que le detectaron fibromialgia desempeña su labor como auxiliar administrativo.
Los cuatro comprimidos que ingiere antes de intentar conciliar el sueño no son los únicos que necesita para paliar los dolores que padece a causa de esta dolencia. José Manuel se queja de que es una enfermedad cuyos síntomas se atribuyen a las mujeres. "Cada vez somos más hombres los que sufrimos de fibromialgia. Antes había más mujeres diagnosticadas, ahora hay muchos hombres y jóvenes", denuncia un hombre que llega a afirmar que la inspección médica le ha denegado bajas al considerar que está exagerando su malestar para no acudir a su puesto de trabajo.
Reivindicaciones. Cansancio, rigidez muscular y dolores constantes son algunos de los síntomas que soportan las personas afectadas por un mal cuyo origen se desconoce y que, según Carmen Cabanillas, presidenta de la Asociación Granadina de Fibromialgia (Agrafim) afecta a entre un 2 y 4% de la población española. Para sensibilizar y reivindicar una mayor atención del sistema sanitario, la organización conmemora hoy el Día Internacional de la enfermedad con la instalación de mesas petitorias durante la mañana en distintos puntos de la capital y el encuentro ya por la tarde en la sede de la ONCE con expertos en la materia.
Cabanillas sostiene que la batalla de Agrafim es diaria. "Necesitamos tratamientos específicos que la Administración no nos proporciona". Afirma que a otros enfermos el sistema sanitario les facilita todo lo necesario para mejorar su calidad de vida. "Es una enfermedad que avanza si no es tratada con la medicación adecuada".
Uno de los grandes obstáculos que presenta la fibromialgia es su detección. "Vas al médico te hacen una revisión y estás bien", indica Cabanillas, que recuerda cómo sus consultas se zanjaban hace unos años con la incomprensión de su dolor. "El médico me decía ´a las mujeres os pasan estas cosas. Toma hierro".
Sin embargo, la dolencia evoluciona hasta el punto de que a muchas personas les impide acometer cualquier simple tarea doméstica, sin que ni siquiera su afección sea considerada razón suficiente para lograr la invalidez.