JAIME MARTÍN
Como una pequeña lanza de Longinos, la Avenida de América atraviesa el extremo norte del Zaidín, para conectar Camino de Ronda con los barrios de Cervantes y Castaño-Mirasierra -muchas veces confundido por Vergeles-. La vía es una de las venas de asfalto que unen el barrio más populoso de la ciudad con el resto de la urbe. De amplias aceras y una rectitud desbordante que sólo se quebranta en su tramo final con Camino de Ronda, la avenida se encuentra ahora en mitad de una difícil operación, un ´bypass´ ferroviario que pretende mejorar la conexión entre los barrios de la zona sur y el centro de Granada.
Tal vez una de las primeras cosas que llaman la atención del viandante, es la inclinación de la Avenida de América en sus primeros 200 metros, justo donde nace -o muere- con Camino de Ronda. Lo cierto es que se hace pesado comenzar la travesía; los más perezosos siempre podrán descansar en la pequeña plaza que hace esquina con la Carretera de Motril.
Si se hace un ligero esfuerzo y tras pasar el reluciente hotel Andalucía Center y el Ambulatorio del Zaidín, el paseante se adentrará en la zona de los Vergeles, un barrio que pretende mantener su nombre a través de pequeñas plazas en las que aún se puede disfrutar de sombra en verano. La estación estival, por cierto, no traerá consigo el característico sonido de cigarras y grillos en esas eternas tardes de verano. De ello se ocuparán los obreros del metro, destinados a soportar la temperatura de una calle que hace tiempo desterró a la mayoría de sus árboles.
Tampoco habrá lugar para el respiro en las obras de la nueva biblioteca del barrio. Más bloques de casas y una pequeña plaza acompañarán dentro de unos años -los vecinos no se creen los plazos- a una de las futuras estaciones o paradas de metro, de la que tampoco saben mucho los residentes. Eso sí, como aperitivo, la Junta de Andalucía ha dispuesto unos pequeños ´totem´ de información que de poco sirven a los residentes. Un lacónico "usted está aquí" y un pequeño mapa con los comercios de toda la vida dan testimonio de que se está invirtiendo en la zona.
Ya en su recta final, la Avenida de América se cruza con la calle Andrés Segovia para desembocar en el Paseo de Europa, un pequeño homenaje a la Unión Europea a través de las banderas de todos los Estados miembros.
Los vecinos de la zona apenas tienen quejas, aunque una de ellas es prácticamente común a todos los encuestados. "Los autobuses", repiten una y otra vez. Esperar el número 10, el 21 o el 7, que hace un recorrido desde Haza Grande hasta Huétor Vega, es todo un ejercicio de paciencia, como se deduce de las resignadas caras de todos aquéllos que esperan el bus en la paralela calle Palencia, hasta donde se ha tenido que desviar más de una línea con motivo de las obras.