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M. J. SEGURA Tiene doce años y a pesar de su juventud ya sueña con su futuro profesional. Se debate entre dos ocupaciones discordantes, pero no excluyentes. Quiere ser informático o DJ en una discoteca. Miguel Machado Orozco es un niño de la capital muy despierto e inteligente al que una afección le negó desde su nacimiento la visión, aunque nunca las ganas de estudiar y de conocer a través de sus otros sentidos el mundo que le rodea.
Sus padres, Juan Antonio Machado y Margarita Orozco, y su hermano mayor de 13 años, José Antonio Machado, han luchado para que su infancia transcurra con normalidad y para que desarrolle todas las habilidades sociales pertinentes que cuando crezca le permitan afrontar la vida sin obstáculos. "Mucha gente me ha dicho: ´Qué pena que seas ciego´. Les he contestado que no pasa nada, que soy una persona más en el mundo", destaca.
Pero desde muy pequeño la batalla que libra su familia lo ha hecho diferente. Ha estado escolarizado en distintos centros de la capital que su madre advierte no estaban adaptados a él y le impidieron un correcto aprendizaje. "Él no ve lo que el profesor escribe en la pizarra y necesita que alguien se lo diga. Enseñar matemáticas a una persona invidente es también muy difícil", señala Margarita.
La carencia de medios se suplía con una profesora que una o dos horas en semana se desplazaba a su centro e intentaba ponerlo al día. Sin embargo, existía una materia que se debería aprender en las aulas y que determina el crecimiento emocional y personal de cualquier niño y adolescente, la integración. "Me sentía solo. En los recreos me iba frente a un árbol y me quedaba allí aburrido", puntualiza Miguel. Su hermano lo acompañaba en los recreos hasta que, al ser mayor, el cambio de ciclo los separó.
"Van haciendo que el resto de los niños los vean distintos. La opción es sentarlo todo el día de cara a la pared. No hay más apoyo", se lamentan Margarita y Juan Antonio, ambos profesores, que ante las trabas de aprendizaje que su hijo menor iba hallando en el colegio optaron por aprender braille e intentar transmitirle los conocimientos que debía poseer a su dad.
El punto de inflexión en la trayectoria educativa de Miguel llegó el curso pasado. Sus progenitores, a pesar de las reticencias a dejarlo marchar a tan corta edad, decidieron inscribirlo en un centro para invidentes en Sevilla perteneciente a la ONCE. Cuentan que desde entonces su vida ha cambiado. Ha adquirido numerosas habilidades y ha iniciado el aprendizaje que hasta esa fecha se le había negado.
Éste tampoco será el destino definitivo de Miguel hasta que concluya, al menos, los estudios obligatorios. La dirección de la institución ya les ha comunicado que este año deberá abandonarlo. "No sabemos por qué no puede continuar. Sólo nos han enviado una carta en la que nos informan que debemos escolarizarlo en un colegio de Granada", indica el padre.
Miguel también habla de sus progresos en estos últimos meses que ahora se verán truncados. Su gran afición es el deporte, una actividad que de muy niño ya le aseguraron que nunca desarrollaría, pero ahora se jacta de haber conseguido tres medallas en las distintas competiciones de atletismo en las que ha participado.
La ONCE, según los padres, no da explicaciones y se acoge a que Miguel ya puede continuar su formación en un centro ordinario. Un requisito para lograr la integración que Juan Antonio y Margarita reiteran no conseguirá hasta que no haya aprendido a desenvolverse. Como él, otros cinco niños invidentes de Granada y provincia -Alejandra de 13 años, Carolina de 9, Manuel de 10, María Camila de 11 y Antonio de sólo 2 años- encuentran numerosas dificultades en la educación que les pueda facilitar una integración como las personas normales que son y disfrutar de una vida plena en igualdad de oportunidades.
Los padres de estos seis niños han decidido crear la asociación AUPA en Granada para reivindicar sus derechos e incluso crear un Aula Didáctica en la que iniciar o proseguir su educación si el centro de la capital hispalense les pone inconvenientes.
La lucha de estas familias granadinas sigue. Ahora han de solicitar la creación de este aula a la Delegación provincial de Educación, cuya responsabilidad recaería en la madre de Miguel, quien afirma que en otras partes del país ya se está haciendo. "Es la única manera de que ellos avancen y se sientan integrados". Juan Antonio ha iniciado los contactos con el Patronato de Deportes, que se ha mostrado abierto a colaborar con las iniciativas que les presenten para hacer múltiples actividades.
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