ROCIO ALONSO
Hay calles que tienen un encanto especial, parecen tener una atmósfera distinta que rápidamente sumerge en otro ambiente. La calle Colcha es una de ellas. Ubicada en el epicentro de la ciudad, a pesar de esto rezuma tranquilidad. Quizás porque sea peatonal o porque sirva como cobijo de la bulliciosa Gran Vía.
El caso es que como la gran inadvertida que pasa sin que te enteres, esta estrecha calleja ha ido creciendo con el tiempo y ahora alberga locales que atraen el interés de los turistas. Desde un salón de estilismo hasta un restaurante tailandés, pasando por otro japonés.
Pero los encantos obvios del lugar se deben también a la carga histórica que posee. Y es que hasta un refrán se debe a ella: “Eres más delicado que la calle de la Colcha”. Es un dicho popular que según algunas versiones viene de la época en la que el tranvía transitaba por la ciudad, y ésta al ser de estrechas dimensiones, hacía ‘delicada’ su andadura.
Además, se trata de un enclave que sirve de límite, en su parte superior, con el Barrio del Realejo, antiguo Barrio Judío. Justamente aquí es donde se localiza la escultura de Yehuda Ibn Tibon. Otro de los puntos emblemáticos se centra en la contigua Calle Monjas de Carmen, donde se encuentra el Convento de las Carmelitas Calzadas que data de la Edad Moderna.