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M. J. SEGURA Son niños de entre siete y doce años que buscan hogar durante los dos meses de verano. Las familias que necesitan deben cumplir sólo el requisito de ser personas honestas dispuestas a salvar a pequeños de la crudeza de las temperaturas estivales del desierto, que llegan a alcanzar los 55 grados.
Un plato de comida, algunas prendas veraniegas y revisiones médicas, son las únicas atenciones que precisan. A cambio de este gesto las familias granadinas que se acojan a esta iniciativa recibirán un regalo que no es tangible, pero que los llenará de satisfacción: compartir por unos meses las experiencias de niños que viven en el desierto de Argelia, en los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf.
La presidenta de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, Gracia Fernández, que por estas fechas está ultimando el programa ´Vacaciones en Paz´, asegura que estos poco más de sesenta días les sirven a los niños para reciclarse. "Las familias los llevan a los médicos, sobre todo, al dentista y al oculista".
Las caries son un problema sanitario en unos campos de refugiados en el que carecen de luz o de agua corriente. Unas gafas también representan un lujo para unos habitantes a los que la arena del desierto desgasta el iris.
Unas atenciones médicas que Gracia Fernández puntualiza son gratuitas, por lo tanto, no supondrán una merma para los castigados bolsillos de los granadinos. "Tan sólo con darles la misma comida con la que alimentamos a nuestros hijos notas que en dos meses han cogido cinco o seis kilos", comenta la presidenta, que acoge niños saharauis desde hace nueve años.
Destaca que los hijos de las familias de acogida aprenden de sus coetáneos saharauis. "Nuestros hijos comienzan a valorar la importancia de tener un sofá en el que tumbarse, una televisión o simplemente agua corriente".
La organización planea que 220 niños viajen este verano desde los campamentos de refugiados de Tindouf hasta Granada, pero aún les faltan sesenta familias para completar el cupo. "No buscamos un perfil determinado de hogares. Pueden ser también personas solteras o viudas de cualquier punto de la provincia", destaca la presidenta.
Una trabajadora social de la asociación hace un seguimiento de las familias que deseen participar en el programa ´Vacaciones en Paz´ y se les asigna un pequeño. Cuando lleguen a la provincia no estarán solos. Cualquier pequeño contratiempo que surja se solventará con la ayuda de los monitores que acompañan a esta expedición infantil y con la colaboración de los propios miembros de la organización.
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