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MARÍA JOSÉ SEGURA El mestizaje cultural representa la culminación del proceso de integración social por el que abogan las asociaciones de inmigrantes nacidas en el país. Un intercambio de conocimiento que favorece la convivencia entre colectivos que aúnan a personas de muy diversa procedencia y que enriquece a la población autóctona. Esa reciprocidad, según denuncian estas organizaciones, no se produce en la actualidad y condena al extranjero a vivir sus costumbres con cierta vergüenza.
Los responsables de diversas asociaciones plantearon este fin de semana en las I Jornadas ´Educación, Integración e Inmigración´, organizadas por la Federación de Escuelas Familiares Agrarias de Andalucía Oriental, los aspectos de convivencia que deben ser solucionados y que requieren de un mayor esfuerzo por parte de las administraciones y de la sociedad.
Las perspectivas y testimonios fueron muy heterogéneos. José Fernando Guaña, presidente de la Asociación de Inmigrantes Ecuatorianos, ensalzó el valor del diálogo como herramienta para lograr la integración. "Se dan discursos sublimes pero la sociedad autóctona sigue teniendo recelos hacia personas con un color y una religión diferentes".
Determinados gestos de la población hacen caer al inmigrante en el denominado Síndrome de Ulises. "Se ha producido entre nuestros compatriotas un cambio de carácter, de conducta. El hecho de subirse a un autobús y que los miren mal o se retiren del asiento ha afectado y enfermado a la población inmigrante", comentó Guaña.
La gastronomía o el deporte son algunos de los instrumentos que propugna el presidente de esta organización para concienciar y sensibilizar a la sociedad sobre el hecho de que la forma de pensar de todos los integrantes de la misma debe ser intercultural.
"Hemos sentido la incomprensión de la gente", sentencia Guaña. Una afirmación compartida por todos los colectivos con representación en estas jornadas, aunque con matices. A pesar de compartir idioma, los ecuatorianos sostienen que las trabas con que se encontraron al llegar al país fueron las mismas que los marroquíes o los senegaleses, sin embargo, para estos otros inmigrantes la religión también se ha convertido en un obstáculo.
Mostafa Bakkach, presidente de la Asociación Marroquíes Futuro, instó al Gobierno español a arbitrar medidas para que sus descendientes, de nacionalidad española, puedan cursar sus estudios de acuerdo con su cultura y su religión. "Nuestros hijos son españoles pero los consideran extranjeros por tener un nombre y un apellido diferentes".
Las palabras de Bakkach hacia el sistema educativo nacional fueron duras. "La educación es etnocentrista, racista y discriminatoria", a pesar, según destacó, de que la LOGSE recoge en su preámbulo que la educación lucha contra estas lacras. "Nuestros hijos aprenderán a sentirse inferiores por no ser culturalmente españoles".
Procedente del mismo continente pero con reivindicaciones muy diferentes, Agustín Nbour, inmigrante senegalés, aprovechó su presencia en estas jornadas para denunciar la situación en la que se hayan los países del África subsahariana. "En África hay mil millones de pobres. No hay mar ni océano que los pueda detener".
La guerra, la miseria y la pobreza son los detonantes de una emigración que no siempre tiene un final feliz. Las cifras de vidas que se han perdido en el mar intentando alcanzar las costas europeas difiere en función del organismo que las cuantifique, Nbour se atrevió a hablar de más de siete mil personas devoradas por las olas.
Para este inmigrante senegalés el primer mundo tiene una deuda histórica con su continente que se remonta al período colonialista, pero para subsanarla, aseguró que no quieren limosnas, sólo justicia. "En el continente africano se está produciendo un auténtico genocidio silenciado".
Mujer. "No necesitamos que hablen por nosotras. Queremos hablar nosotras mismas", señaló Sabah Auofi, responsable de la Asociación de Mujeres Inmigrantes 8 de Marzo, quien también destacó la necesidad de este colectivo de darse a conocer para lograr la verdadera integración.
Al igual que su compatriota Mostafa Bakkach, la presidenta de esta organización expresó el temor que sienten los inmigrantes por el porvenir de sus vástagos. "Los hijos no tienen que vivir lo que estamos viviendo nosotros". Se refirió además a algunos de los prejuicios a los que deben enfrentarse. "Nosotros no le quitamos el trabajo a nadie. La sociedad española no debe exportar el modelo migratorio de otros países europeos como Francia".
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