ROCÍO ALONSO
A veces los lugares sufren mutaciones y se redefinen hacia otros estilos, se convierten en focos de atracción de los que llegan de ‘nuevos’ a una ciudad. Se trasforman en verdaderos hervideros de culturas urbanas donde creadores dan rienda suelta a su imaginación. Quién le iba a decir hace unos cuantos años a la calle Moral de la Magdalena que iba a convertirse en epicentro de moda y últimas tendencias, de tiendas especializadas en cuestiones no demasiado comunes.
Ubicada en el emblemático Barrio de la Magdalena y rodeada por callejuelas paralelas que convergen en la histórica Plaza de Gracia, este ‘mini mundo’ de lo más cosmopolita, acoge un crisol de culturas que sorprende al que lo visita. Nacionalidades varias se han unido para hacer de este lugar un enclave muy especial.
No ha habido una estratégica campaña de promoción, sino que el boca a boca y el ‘dios los cría y ellos se juntan’ están convirtiendo a Moral de la Magdalena en foco de la vanguardia granadina. Lo tiene todo: locales de tatuajes y piercings, ropa de segunda mano, marcas, peluquerías, música, estudio de grabación, bazares... A remolque del empuje que le proporciona estar ubicada en el centro neurálgico de la ciudad, la calle se empezó a llenar de pequeños comerciantes especializados en los últimos ‘gritos’ que llegan desde varias partes del planeta.