M. J. SEGURA
Sobrevivir con cincuenta euros mensuales y sin luz eléctrica durante diez horas al día es algo impensable incluso para un país donde los sucesivos malos datos económicos han instalado el miedo entre sus ciudadanos. Sin embargo, en estas duras condiciones una familia nepalí no es sólo capaz de sacar a los suyos adelante, sino de ser generosa con el turista que los visita.
En condiciones menos extremas, pero también carentes de medios básicos se encuentran algunos países de Suramérica. Estas realidades son las que la asociación sin ánimo de lucro y con sede en Granada Tierra, Agua y Sol intentan trasladar a Occidente.
Existen muchas formas de cooperar con pueblos radicados en tierras que hace demasiado tiempo que no conocen el esplendor y la fortuna. Sin embargo, esta ONG plantea una opción alternativa: los viajes solidarios. De este modo, la asociación se convierte durante unos meses en una agencia de viajes improvisada para que el voluntario tenga una doble motivación para llevar a cabo su labor: conocer tierras extrañas y ayudar a sus habitantes.
A través de tarifas muy competitivas la organización oferta expediciones a Nepal y Perú que servirán al visitante para observar algo más que sus monumentos. Los participantes en esta iniciativa podrán entrar en contacto y conocer de primera mano los métodos de subsistencia de los ciudadanos de ambos países.
Aún así, la responsable de Tierra, Agua y Sol, Ana Ferrán, no recibe a los que quieran formar parte de estos viajes en un despacho decorado con fotos de idílicas playas del Caribe o exóticos paisajes asiáticos. Ha convertido un piso compartido en la calle Pedro Antonio de Alarcón en la improvisada y austera sede de la asociación. Esta madrileña afincada en la capital granadina y que lleva años denunciando la situación de la población nepalí, sentencia que "queremos ser algo más que una agencia de viajes".
Por el momento son la única fuente de ingresos que encuentran para costear los proyectos que ambicionan y que algunos de ellos ya llevan a cabo en los dos continentes. Cada viajero que se une a su proyecto dona cien euros a la ONG. En la actualidad también se atreven con cursos de voluntariado, aunque, como resalta Ana "ahora sólo podemos ofrecer dentro de estas jornadas un módulo teórico, aunque esperamos que en fechas cercanas se complemente con un período práctico en las zonas en las que trabajamos". Iniciaron su andadura en 2005 y desde entonces sus pocos recursos le han permitido sacar a la luz iniciativas relacionadas con las tres áreas en las que centran su labor: educación, sanidad y medio ambiente. En concreto, en Nepal han plantado más de un millar de árboles frutales, han contribuido a la construcción de dos escuelas infantiles en la pequeña aldea de Báseri en el valle de Katmandú y han contratado a una profesora oriunda del país para impartir clases. La responsable de la ONG asegura que su prioridad son estas tres parcelas y en ellas se vuelcan especialmente en los niños y en las mujeres. Su próximo sueño es contar con una sede en Katmandú.
En Perú aún están diseñando la labor que pretenden realizar. El año pasado hicieron un primer viaje exploratorio y este mes de julio organizan unas vacaciones solidarias en el país andino. Desafortunadamente, relata Ana, la expedición que tenían proyectada para la Semana Santa ha tenido que cancelarse por falta de inscripciones. "La crisis también nos está afectando. El primer viaje solidario que hicimos a Nepal en 2006 fue un rotundo éxito, pero ahora la gente no dispone de suficiente dinero para desplazarse a estos países a pesar de que son muy baratos".
¿Qué encontrará el viajero en estas expediciones? Ana explica el itinerario. Los que se decanten por el país nepalí podrán desde visitar un templo budista y participar en una sesión de relajación a pasear por la jungla a lomos de un elefante. Estas actividades eminentemente turísticas se combinan con la visita a las escuelas infantiles o a la zona en la que han plantado los naranjos. Perú no será menos impresionante.
La primera parada es Lima para luego desplazarse al lago Titicaca o al santuario histórico de Machu Picchu. Para la ONG el turismo es una forma de cooperación, ya que se convierte en un medio que puede permitir el enriquecimiento de las zonas a las que se desplazan.