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HEMEROTECA » |
MARÍA JOSÉ SEGURA. La plaza Príncipe Eugenio de la Zona Norte mostraba ayer al mediodía, hora en la que muchos trabajadores suelen tomarse un pequeño descanso para reponer refuerzas, una imagen inusual. Una treintena de parados comenzaban a renovar los muros olvidados de un espacio de la capital en el que la crisis se está cebando más si cabe con sus vecinos. Elisa Carmen llamaba a los concentrados, megáfono en mano, para que iniciasen las tareas a las que los habían convocado la Asociación de Parados de Casería de Montijo. Se trataba de una nueva "huelga blanca", un acto reivindicativo de esta organización que solicita a las administraciones competentes planes que los saquen del "agujero", como rezaba en una de sus pancartas, en el que se hayan sumidos.
Entre los que se decidieron a arrimar el hombro se encontraban madres, abuelas, obreros que habían desempeñado su labor desde hacía dos décadas, inmigrantes e incluso jóvenes que apenas han comenzado a formar parte de la población activa. Pero todos ellos compartían un anhelo y, ante todo, una necesidad: un empleo que los salve de la debacle que están padeciendo desde hace más de un año.
La crisis se puede entender en dos vertientes muy dispares, bien como meras cifras astronómicas que están mermando la capacidad económica de grandes empresas o como un drama que está llevando a la ruina a familias que nunca vieron reflejados en sus cuentas cantidades de poco más de tres dígitos.
Entre espátulas, rodillos y cubos de pintura blanca que iban cambiando la fisonomía de la plaza bajo un sol primaveral, las historias de algunos de los desempleados que conforman esta asociación se iban entrecruzando. Elsa Carmen, una joven de 29 años madre de dos niños de siete y ocho años -el pequeño enfermo a causa de una cardiopatía-, aseguraba que no encuentra empleo y que su ex marido, también sin trabajo, no puede pasarles ninguna mensualidad. Tan sólo percibe una ayuda anual de 800 euros, con los que satisface los gastos escolares. ¿Qué hacer en una situación tan incierta? Elsa Carmen no tiene más remedio que vivir en el hogar paterno junto a sus otros tres hermanos. En total comparten vivienda nueve personas únicamente sustentadas con la pensión del padre y abuelo, que apenas supera los mil euros.
Josefa, madre de Elsa Carmen, completaba la crítica situación que atraviesa su hija detallando su día a día para sacar adelante a nueve personas con una prestación tan ajustada. "Tengo un presupuesto de unos 20 o 25 euros diarios y no puedo pasarme de ahí. Pago agua, luz, gas y teléfono, que lo necesito porque mi marido es discapacitado, y muchas veces tenemos que llamar a una ambulancia". Los lujos quedan muy lejos de este hogar. "A nosotros lo que nunca nos falta es leche, compro patatas, pero, por ejemplo, el pescado fresco ni lo probamos".
Reivindicaciones. "No somos estatuas". "Queremos salir del agujero". Santiago Cortés, presidente de la asociación, resumía en estos lemas que habían colocado en distintos puntos de la plaza las principales aspiraciones del colectivo al que representa y cuyo número ha pasado en los últimos tres meses de 100 a 250.
Señaló que el grueso de los desempleados que conforman la organización son personas no cualificadas y, por ello, una de sus principales reivindicaciones es que tanto el Ayuntamiento como la Junta de Andalucía se impliquen para poder garantizar un futuro a estas familias. "Estamos gestionando la creación de un taller de empleo que daría trabajo a una veintena de personas y con esta iniciativa no sólo lograríamos colocar a los vecinos, sino que se les proporcionaría preparación".
Con este taller de empleo la asociación pretende arreglar el barrio. Adecentar muros, acerado? Pero, reiteró Cortés, "es imprescindible tener el compromiso del Ayuntamiento para obtener la subvención de la Junta".
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