En un lugar llamado Ica

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Dos pequeños encerrados en una chabola, en Expansión Urbana, mientras su madre trabaja en la chacra.
Dos pequeños encerrados en una chabola, en Expansión Urbana, mientras su madre trabaja en la chacra. Óscar Troya
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Miles de familias malviven en una de las regiones de Perú más afectadas por el terremoto Sólo cuentan con la ayuda de la misión de cooperación granadina.

AMINA NASSER (ENVIADA ESPECIAL). Ica huele a miseria. Miles de familias viven hacinadas en chabolas de esteras y plástico, de adobe, en el mejor de los casos. En cuartuchos de apenas cuatro metros cuadrados conviven hasta tres generaciones de una misma familia (abuelos, padres, niños…) Carecen de los servicios básicos. No saben lo que es la electricidad, ni el saneamiento, ni el agua potable… En la municipalidad de Ica llaman a esos núcleos de población ‘asentamientos humanos´. Hilda Salas, Queico Sofía, Tierra Prometida, Los Pollitos, Los Juarez, Santa Rosa, Nueva Esperanza, Expansión Urbana… Son algunos de los puntos negros del mapa catastral del municipio en los que la gente vive en una situación de pobreza extrema. “Dormirse todas las noches sin saber qué le van a dar de comer a sus hijos mañana es una situación bien dura y no es nada agradable escuchar que Ica es la región del pleno empleo y una de las más ricas de Perú”, dice Alonso Navarro Cabanillas, vicepresidente de la región de Ica.

Los datos estadísticos dicen que Ica es la región de Perú con más crecimiento económico. Pero el panorama perceptible a la vista refleja situaciones de horrible miseria. En Comatrana, por ejemplo, que ya es un barrio de la municipalidad de Ica, malviven 1.500 familias, a cada cual más numerosa, que parecen estar abandonadas a su suerte. La solidaridad granadina es ahora su puerta a la esperanza. La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de Granada (UPA) impulsó una misión de cooperación tras el terremoto de agosto del pasado año. Desde entonces ha desarrollado cuatro campañas, en las que han colaborado más de una veintena de municipios de la provincia. Con esos fondos, UPA ha proporcionado alimentos, asistencia sanitaria y, en algunos casos, una techumbre a la gente más necesitada. En los ‘asentamientos humanos´ de Ica están ahora algo revolucionados con los españoles (como llaman a los granadinos). Dos coches con las siglas de UPA recorren los núcleos de población en los que actúa la misión de cooperación de Granada, que acaba de construir ocho módulos de madera para albergar comedores populares, guarderías y talleres de formación. “La bendición de Dios”.

Las mujeres de Comatrana andan al acecho. En cuanto llegan ‘los españoles´, las calles, si se puede llamar así a lo que sólo son zonas de terrazo, dejan de ser un desierto en el que los perros campean a sus anchas y se pueblan de gente que se aglomera para pedir, sobre todo, ayuda sanitaria, medicamentos, sillas de ruedas… “Es una bendición de Dios. Él nos ha traído a Nicolás”. Hablan de Nicolás Chica, el secretario de UPA Granada, la cabeza visible de la cooperación granadina, que los lugareños han convertido en una especie de salvador. La gente acude a él en busca de ayuda. Cada cual va con su drama… Pero la ayuda no puede llegar a todos, no hay recursos para tanto… En Comatrana se acaba de levantar un módulo que albergará una guardería para unos setenta niños. La misión granadina compró los materiales y supervisó las obras pero la mano de obra corrió a cargo de los pobladores. La guardería es una necesidad para las mujeres del barrio porque muchas, que están cargadas de hijos, no pueden acudir a trabajar a la chacra (al campo) y obtener recursos para alimentar a sus hijos.

Cecilia es una de ellas. Cuando puede, va a la chacra. Trabaja en la uva o en el espárrago. Cobra 10 soles al día (2,5 euros) por ocho o diez horas de trabajo. Se queja de lo que ha subido la vida. “El litro de aceite cuesta ocho soles, el arroz, tres…” “Hay madres que no tienen maridos ni nadie que las ayude”, dice. “Ahora, con la guardería, al menos podremos salir a trabajar”. La olla común. La gente de Comatrana, como la de otros asentamientos, se ha visto forzada a vivir en ‘comuna´. “Acá, entre nosotras, nos apoyamos mucho”, cuenta Cecilia para explicar la función de los comedores populares en los que se hace una sola comida al día. -“¿Qué has comido hoy”?, pregunta a una pequeña Ana María Jiménez, la directora de Risorse Plus, una asesoría de comunicación para el desarrollo que forma parte de la misión granadina. - “Es que hoy no me toca”, contesta la pequeña.

La respuesta de la menor, cierta o no, refleja la realidad en la que viven miles de iqueños. “Aquí hay gente recontrapobre”, dice Andrés Eneque Cornejo, un médico que trabaja en un centro de atención primaria en la provincia de Palpa y que colabora con la misión de cooperación granadina para atender a los que requieren asistencia sanitaria. La enfermedad no entiende de pobres ni ricos, pero en Ica si no tienes plata puedes morirte sin recibir la más mínima atención. En el hospital, que es el centro de referencia de la región, los pacientes deben comprar un kit con todos los materiales si van a someterse a una intervención quirúrgica (la anestesia, el suero, el bisturí). Los propios enfermos deben asumir los gastos de todas las pruebas y de su tratamiento. ¿Qué hacen los médicos? La sanidad pública cubre el diagnóstico, en el mejor de los casos. Todo lo demás corre por cuenta del paciente.

El funcionamiento del sistema público sanitario explica que en los ‘asentamientos humanos´ esperen a los miembros de la misión granadina como agua de mayo. Desde septiembre de 2007, en que UPA empezó la misión solidaria, la organización ha prestado asistencia sanitaria a más de 4.260 pacientes. Los diagnósticos más frecuentes son a causa de la desnutrición y la falta de higiene: parasitosis, micosis, infecciones respiratorias, tuberculosis, sida, embarazos en adolescentes… “Nosotros ya tenemos el corazón de plomo”, precisa Andrés Eneque. Cada tarde, y cuando puede también las mañanas, Andrés se dedica a visitar enfermos acompañado de dos miembros de la delegación granadina.

Ya avanzada la noche, y después de una agotadora jornada en la que su última visita fue a un niño de 9 años con leucemia terminal, reflexiona en voz alta: “La cantidad de dinero que hay que gastar para que el niño pueda vivir una semana más, quizás dos… Tu quieres ayudar, pero esto es un barril con un hueco”. El listado de enfermos a los que la delegación granadina visita para prestar asistencia parece no tener fin. Cada jornada aparecen nuevos listados, con más enfermos, con otros dramas… Tres hermanos que padecen de ceguera, una adolescente epiléptica que está sin tratamiento por falta de dinero, un bebé de ocho meses que sufre convulsiones…. “Lo enfriaron”. El centro urbano de Ica parece ajeno a la realidad que se vive en los asentamientos. Un coche con megáfono estaciona junto a la sede de la Municipalidad.

Anuncia los festejos que se avecinan con motivo del 445 aniversario de la fundación de Ica. ¿El acto central? “El matrimonio civil masivo gratuito” que organiza la Municipalidad en la plaza de Armas. Esa misma plaza fue el escenario de una manifestación apenas un mes después del terremoto, cuando el alcalde decidió vallarla para emprender obras de reforma mientras a muchos le faltaba lo básico: la comida. Hoy apenas se habla de aquello porque el último asesinato, también en la plaza de Armas, ha levantado mucho revuelo. El día en que llegó a Ica la misión granadina habían matado a un cambista para robarle 46.000 dólares. A la mañana siguiente, un diario local titulaba a toda página “Enfriaron a Memín”. A Memín, el cambista, lo acribillaron a balazos a las doce del mediodía y, desde que sucedieron los hechos, en la ciudad de Ica no se habla de otra cosa.

Los pobres, más pobres. En los asentamientos las cosas son distintas. Cuando Nicolás Chica llega a algún barrio, las mujeres los reciben con aplausos. Dicen que desde que sucedió el terremoto nadie ha ido ayudarles, salvo la misión de cooperación granadina. A los iqueños de los asentamientos marginales, que ya vivían en una situación de penuria, el terremoto de agosto de 2007, los dejó en una la oscuridad. El vicepresidente de la región de Ica lo resume con una frase: “El terremoto nos tumbó las paredes para que viéramos la miseria que ya existía”. La pobreza que hoy invade las zonas en las que actúa la misión granadina es previa al seísmo. “A algunos los hizo mucho más pobres, porque les tumbó lo único que tenían, que eran sus paredes y sus techos.

A otros, lo que ha hecho, quizás, es quitarle el trabajo de muchos años…Pero la situación existente en esos poblados, que se extiende por todo el país, ya la teníamos antes de la tragedia”, dice Navarro. El vicepresidente de la región de Ica tiene 28 años y un discurso que se aleja del común de los políticos de Latinoamérica. “Aquí mucha gente vive en unas condiciones horribles y no hay que esperar a que suceda otra tragedia para darnos cuenta de que las políticas que mantienen los gobiernos para luchar contra la pobreza están mal enfocadas”. La falta de alimentos es común en las zonas en las que actúa la misión granadina. Allí el vecindario pide víveres.

Tras el terremoto, la gente de esos núcleos se organizó. En muchos lugares se crearon los comedores populares y las ollas comunes que suministran alimentación a centenares de familias. Son las damnificadas del terremoto que siguen viviendo en condiciones extremas nueve meses y medio después del desastre. Ellos, que pueblan las zonas marginales, ni siquiera han podido acceder a las ayudas oficiales, como el llamado ‘Bono 6.000´ (una subvención de poco más de 1.000 euros para reconstruir la vivienda) porque para solicitarlas hay que cumplir ciertos requisitos y tener “algo de plata”, como dicen aquí. Y la mayoría de los vecinos de Comatrana, Hilda Salas, Queico Sofía, Tierra Prometida, Los Pollitos, Los Juarez, Santa Rosa, Nueva Esperanza o Expansión Urbana no tienen ni un sol, ni Administración ni ONGs que los asista.

La única ayuda que han recibido hasta ahora procede del exterior, a través de UPA Granada. En los asentamientos celebran la inauguración de los nuevos centros. Los vecinos estrenan comedores, guarderías y talleres de formación que ha construido la misión de cooperación granadina. Las mujeres de los ‘asentamientos´ exhiben algunos de los objetos que piensan producir y confían en que esa actividad les permita obtener recursos para subsistir. En el salón de plenos de la Municipalidad la banda municipal toca el himno de Ica. Acaban de coronar a la reina de la semana jubilar, las fiestas que conmemoran el 445 aniversario de la fundación de la ciudad.

Los invitados al acto toman canapés y abajo, junto a la plaza de Armas, suena otra música a través de un megáfono. Una voz masculina invita a los iqueños a contraer ‘matrimonio civil masivo´. Esta vez no hay que tener “plata”. La voz del megáfono insiste: “es gratuito”. Convida la Municipalidad.

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